Creencias limitantes vs. Creencias expansivas

Como acabamos de ver en la entrada anterior, “Qué son las creencias desde el punto de vista psicológico”, las creencias son estructuras de pensamiento que nos ayudan a mantener patrones de comportamiento predecibles, así como expectativas sobre el comportamiento de los demás. Esto permite a nuestro cerebro interpretar rápidamente las situaciones y responder, a través de un juicio, una emoción o una acción, en función de la interpretación dada. Esta respuesta es automática y es fruto del sistema de creencias previo, que se activa muy rápidamente.

Pongamos un ejemplo. Si creo que no poseo la habilidad para desarrollar una actividad concreta, como hablar en público, cocinar, aprender un idioma…, todos los pensamientos y emociones que surjan de manera automática al tener que enfrentar esa actividad, irán unidos a una creencia de impotencia que nos hará pensar de forma automática que no somos capaces de enfrentar esa actividad o situación, así que optaremos por evitarla, sin darnos opción a rebatir nuestra creencia negativa, o enfrentarla sin confianza por lo que es posible que en lugar de enfocarnos en el logro nos enfoquemos en las dificultades, confirmando nuestra creencia negativa previa.

Otro ejemplo. Si considero que soy una persona con capacidad para resolver problemas, ante cualquier dificultad seré capaz de confiar en mí mismo sabiendo que puedo enfrentar la situación con éxito. Al hacerlo me enfoco en la sensación de logro por el simple hecho de no haberme acobardado, confirmando así mi creencia positiva.

Si observamos esos dos ejemplos, rápidamente podemos vislumbrar el impacto del tipo de creencia subyacente.

Las creencias limitantes, son las aquellas creencias que no nos permiten crecer y avanzar. Nos impiden ponernos a prueba y aprender. Hacen que veamos el foco de esa creencia como algo muy difícil de superar. Nos retienen en aprendizajes pasados que nos son adaptativos. Además, pueden hacernos muy complicado el valorar otros puntos de vista diferentes al nuestro, limitando la visión de la realidad plural. Genera pensamientos y emociones negativas y de carencia.

Por otro lado, las creencias expansivas, son aquellas que te definen positivamente y te dan sensación de logro y capacidad. Enfrentas el contexto al que esa creencia vaya ligado con optimismo, sintiéndote impulsado hacia adelante con confianza y sin temor.

Aunque surja una dificultad o un reto, esa creencia va a justificar que lo enfrentes buscando la mejor solución y sin evitar la situación. Las creencias expansivas te permiten abrirte al aprendizaje y a la evolución.

Todas las personas poseemos ambos tipos de creencias sobre cualquier aspecto tanto interno (sobre nosotros mismos) como externo (contexto socio-cultural), formando nuestro modelo personal de comprender la realidad.

Sin embargo, las creencias no son una camisa de fuerza. Se pueden cambiar si a través de la voluntad o la experiencia empiezan a contradecirse de forma consistente. Si la contradicción es puntual, la resistencia al cambio hará que busquemos escusas que mantengan nuestra creencia original. Si, por el contrario, las contradicciones son consistentes y permanentes, nuestra creencia se modificará para ser coherente con la nueva evidencia.

Como puedes observar, las creencias se pueden cambiar y sustituir por otras de manera que podemos transformar nuestras creencias limitantes en creencias expansivas. Esto nos permite convertir nuestras debilidades en fortalezas. Para ello, debemos aprender a prestar mucha atención a nuestros juicios y pensamientos automáticos para identificar aquellos que nos limitan y trabajar en el objetivo de transformarlos.

Pongamos otro ejemplo. Si nos hemos forjado la creencia de que una persona es mala y actúa siempre en beneficio propio, cuando la veamos hacer algo bueno pensaremos de forma automática que hay una intención oculta detrás de su acción. Pero si decidimos dejar de prejuzgarla y empezamos a observar sus acciones de forma objetiva obteniendo evidencia de que realmente lleva a cabo acciones buenas, poco a poco, empezaremos a aceptar que esa persona en concreto no es tan egoísta como habíamos creído inicialmente, cambiando la percepción y, por consiguiente, nuestra creencia sobre ella.

Cambiar una creencia que te hace daño, que te impide lograr tus objetivos y perseguir tus sueños, es tu decisión. Puedes conformarte o puedes ponerte manos a la obra y empezar a reunir evidencia en contra de esa creencia limitante y transformarla en una creencia expansiva. ¿Qué prefieres?

En la próxima entrada del blog analizaremos una creencia limitante muy común. El miedo al fracaso.

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